jueves, 6 de agosto de 2015

La biporalidad…


El principal síntoma o tendencia de la enfermedad mental es la ingobernabilidad y  el exceso de actividad física y  metal que se pronuncia en los estados de crisis.
Un bipolar en  manía tiende a confrontar a las líneas de autoridad que tiene a su alrededor, llámese padres, esposos, tutores, etc. Todo aquel que tiene  conocimiento de la enfermedad y  lleve el cargo de cuidador primario.

Es parte del brote que el discapacitado psicosocial, pretenda manipular circunstancias que le permitan aflorar las acciones más impulsivas que   de destape de la manía lo incite.

Es muy difícil que ante un rio desbordado de pensamientos y sentimientos encontrados,  el discapacitado  logre verse así mismo y tenga  la capacidad de controlar su sobriedad emocional.
Los incidentes generados en los estados de manía, comenzaran a crear problemas de cuestiones insignificantes, hasta encontrar incidir en acciones de mayor impacto.

Mucho depende si el estado en el que nos encontramos es  hipomanía (bajo riesgo) o la misma manía (alto riesgo).

Un estado de manía se reconoce por la irritabilidad y los actos impulsivos de trascendencia, se acentúa con intensidad y  la ingobernabilidad. Los pensamientos fluctúan  de manera  muy rápida y reaccionan al menor estimulo.

La aceptación…


Al dejar correr el pájaro loco que llevamos dentro, vamos en búsqueda de limites por rebasar, en ocasiones salimos librados por la suerte y en otras impactamos con una realidad abrupta que nos revela nuestro estado mental. Aun cuando los pensamientos corren,  un sentido imaginario  estamos conscientes que la mente se nos fue de las manos, pero no lo creemos y no lo queremos aceptar.
Aquí es cuando los cuidadores primarios  reconocen el episodio  y con mucha cautela interviene para advertir al discapacitado sobre su salud mental.


La vergüenza…

Reconocer que nuestros destellos de genialidad no eran tan geniales, que otros se dieron cuenta  y no pertenencia  a nuestra red de apoyo, que tuvimos actos con consecuencias.

Es terrible reconocer que uno se descuidó otra vez, que la cabras se nos fueron al monte.
Solo la humildad nos hará regresar a un estado de sobriedad emocional, regresar al tratamiento y a las visitas con el dr.
No es algo que en realidad quieres hacer, pues el medicamento tiene muchos efectos secundarios, pero hasta hoy la ciencia no ha hecho mucho por mejorar la condición  en la que nos sometemos para ser  un poco normales y poder vivir en paz.

El reto…


Es creer en lo que no creemos, obedecer lo que cuestionamos y lidiar con un fantasma que nunca dejara de hacer su sombra aparecer.


La esclavitud…


Entras de primera mano al  comercio de los fármacos,  el psiquiatra y sus favoritas drogas domésticas, que en paquete mínimo  te dan un antipsicótico, un moderador del ánimo,  un antidepresivo o inductor al sueño  y vitaminas. EL coctel de 5 a 8 pastillas por turno. Los efectos secundarios son un delirio, somnolencia diurna, pensamientos retardados, animo depresivo pero a su vez insensible, no lloras la muerte  ni ríes de un chiste. Te conviertes en zombi.
Todo esto porque nadie tiene otro remedio para la locura, de alguna forma tenemos que bajar avión.


Yo…

Sigo sin estar convencida  de lo que hago, sé que lo hago porque mi locura se desborda  y debo detener mi ingobernabilidad… es por amor a los míos, pero siento que la vida se me va en cada pastilla.

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