El principal síntoma o tendencia de la enfermedad mental es
la ingobernabilidad y el exceso de
actividad física y metal que se
pronuncia en los estados de crisis.
Un bipolar en manía
tiende a confrontar a las líneas de autoridad que tiene a su alrededor, llámese
padres, esposos, tutores, etc. Todo aquel que tiene conocimiento de la enfermedad y lleve el cargo de cuidador primario.
Es parte del brote que el discapacitado psicosocial,
pretenda manipular circunstancias que le permitan aflorar las acciones más
impulsivas que de destape de la manía
lo incite.
Es muy difícil que ante un rio desbordado de pensamientos y
sentimientos encontrados, el
discapacitado logre verse así mismo y tenga
la capacidad de controlar su sobriedad
emocional.
Los incidentes generados en los estados de manía, comenzaran
a crear problemas de cuestiones insignificantes, hasta encontrar incidir en
acciones de mayor impacto.
Mucho depende si el estado en el que nos encontramos es hipomanía (bajo riesgo) o la misma manía (alto
riesgo).
Un estado de manía se reconoce por la irritabilidad y los actos
impulsivos de trascendencia, se acentúa con intensidad y la ingobernabilidad. Los pensamientos fluctúan
de manera muy rápida y reaccionan al menor estimulo.
La aceptación…
Al dejar correr el pájaro loco que llevamos dentro, vamos en búsqueda
de limites por rebasar, en ocasiones salimos librados por la suerte y en otras
impactamos con una realidad abrupta que nos revela nuestro estado mental. Aun
cuando los pensamientos corren, un sentido imaginario estamos conscientes que la mente se nos fue
de las manos, pero no lo creemos y no lo queremos aceptar.
Aquí es cuando los cuidadores primarios reconocen el episodio y con mucha cautela interviene para advertir
al discapacitado sobre su salud mental.
La vergüenza…
Reconocer que nuestros destellos de genialidad no eran tan
geniales, que otros se dieron cuenta y
no pertenencia a nuestra red de apoyo,
que tuvimos actos con consecuencias.
Es terrible reconocer que uno se descuidó otra vez, que la
cabras se nos fueron al monte.
Solo la humildad nos hará regresar a un estado de sobriedad
emocional, regresar al tratamiento y a las visitas con el dr.
No es algo que en realidad quieres hacer, pues el
medicamento tiene muchos efectos secundarios, pero hasta hoy la ciencia no ha
hecho mucho por mejorar la condición en
la que nos sometemos para ser un poco
normales y poder vivir en paz.
El reto…
Es creer en lo que no creemos, obedecer lo que cuestionamos
y lidiar con un fantasma que nunca dejara de hacer su sombra aparecer.
La esclavitud…
Entras de primera mano al
comercio de los fármacos, el
psiquiatra y sus favoritas drogas domésticas, que en paquete mínimo te dan un antipsicótico, un moderador del ánimo,
un antidepresivo o inductor al sueño y vitaminas. EL coctel de 5 a 8 pastillas por
turno. Los efectos secundarios son un delirio, somnolencia diurna, pensamientos
retardados, animo depresivo pero a su vez insensible, no lloras la muerte ni ríes de un chiste. Te conviertes en zombi.
Todo esto porque nadie tiene otro remedio para la locura, de
alguna forma tenemos que bajar avión.
Yo…
Sigo sin estar convencida
de lo que hago, sé que lo hago porque mi locura se desborda y debo detener mi ingobernabilidad… es por
amor a los míos, pero siento que la vida se me va en cada pastilla.